The Economist: El rehén presidencial del Perú.

The Economist. El indulto a favor del expresidente Alberto Fujimori ha debilitado la figura política de Pedro Pablo Kuczynski.

Pedro Pablo Kuczynski.

Fue un video extraño que anunciaba una decisión precipitada. En un mensaje grabado, el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK), desde una habitación con poca luz y con la apariencia angustiada de una víctima de secuestro, dijo a los peruanos que el indulto que le había otorgado a Alberto Fujimori, un expresidente encarcelado, fue “quizás la decisión más difícil de mi vida”. La había tomado porque a Fujimori no se le debería permitir “morir en prisión, la justicia no es venganza”.

PPK pidió a los peruanos dejar atrás “sentimientos negativos heredados del pasado”. Su tácita esperanza era que, habiendo apenas sobrevivido a un intento del Congreso de destituirlo, el indulto estabilizaría su tambaleante presidencia. Pero para muchos, parece que su presidencia ha sido tomada como rehén.

El indulto del 24 de diciembre fue la culminación de una turbulenta quincena que comenzó cuando una comisión del Congreso recibió documentos de Odebrecht, una empresa constructora brasileña en el centro de un gran escándalo de corrupción en Latinoamérica, que mostraban que había otorgado contratos de consultoría a empresas vinculadas a Kuczynski.

Esto contradecía el testimonio por escrito del presidente en octubre en el cual dijo no tener vínculos, directos o indirectos, con Odebrecht, que recibió muchos contratos públicos ‘inflados’ en Perú y admitió haber pagado US$ 29 millones en sobornos en el país.

Westfield Capital, un banco de inversión boutique de propiedad absoluta de Kuczynski, recibió US$ 782,000 de Odebrecht por brindar servicios de consultoría a partir del 2004, cuando PPK era ministro de Economía. Otra firma, First Capital, propiedad de Gerardo Sepúlveda, gerente de Westfield, recibió US$ 4 millones de Odebrecht entre el 2010 y 2013.

Los contratos fueron legales y oficiales, indicó Odebrecht. En sucesivas y tambaleantes explicaciones, Kuczynski insistió en que Sepúlveda estaba a cargo exclusivo de Westfield cuando estaba en el gobierno, aunque admitió que recibió “algo de dinero” en “dividendos” del contrato de Odebrecht. Su único vínculo con First Capital fue un honorario que percibió por un trabajo de consultoría cuando no estaba en el gobierno.

Esto fue suficiente para que los enemigos de Kuczynski se abalanzaran. Liderando el ataque estaba Keiko Fujimori, la hija de Alberto, que perdió las elecciones en el 2016 por apenas 41,000 votos y aparentemente nunca lo superó. Su partido Fuerza Popular tiene 71 de los 130 escaños en el Congreso, mientras que el partido del presidente ganó solamente 18.

Habiendo expulsado a varios de los ministros de PPK, Fuerza Popular respaldó una moción de destitución por “incapacidad moral permanente” (una herencia de las constituciones del siglo 19 con la intención de lidiar con la demencia de un presidente).

Muchos observadores neutrales consideraron la acusación, sin una investigación exhaustiva, como desproporcionada. Al defenderse, Kuczynski admitió que había sido “insuficientemente comunicativo”, pero negó que fuera corrupto. Acusó a Fuerza Popular de montar un golpe parlamentario.

La derrota parecía inevitable, lo que llevó a varios ministros a instar al presidente a renunciar. Sin embargo, la oposición no alcanzó la mayoría de dos tercios requerida, porque Kenji Fujimori, el hermano distanciado de Keiko, encabezó un grupo de diez congresistas de Fuerza Popular que no apoyó la vacancia.

Tres días después, Kuczynski anunció el indulto de Alberto Fujimori, presidente del Perú desde 1990 hasta el 2000 y la figura que más divide al país. Si bien muchos peruanos le dan crédito a Fujimori por salvar la economía peruana del caos hiperinflacionario y eliminar la amenaza de Sendero Luminoso, un grupo terrorista maoísta, Fujimori gobernó como un autócrata y su mandato estuvo plagado de sobornos y corrupción sistemáticos.

Después de ser extraditado de Chile, Fujimori fue declarado culpable de cuatro cargos de corrupción y uno de complicidad con un escuadrón de la muerte. Fue sentenciado a 25 años de prisión. Las últimas dos elecciones presidenciales en Perú han sido contiendas entre Keiko Fujimori y el anti-fujimorismo, la corriente política más fuerte del país.

No siempre divino
El 24 de diciembre, Kuczynski convocó a sus ministros y congresistas para “informar, no consultarles” sobre el indulto, de acuerdo con uno de los presentes. Pocos creen en las versiones oficiales de que el indulto se debió a la salud de Fujimori, y no a un acuerdo político con Kenji. El indulto de Kuczynski ampara a un caso pendiente de complicidad en asesinato.

Él había ponderado la posibilidad del indulto durante meses, pero de una manera no comprometida. Una encuesta de Ipsos encontró que el 56% estaba a favor del indulto. Pero el 40% no, y muchos de ellos votaron por Kuczynski. Tres ministros y tres de sus congresistas renunciaron en señal de protesta, al igual que varios funcionarios de nivel medio.

Decenas de miles de peruanos salieron a las calles a protestar el 28 de diciembre y se planean más manifestaciones. Si bien Fujimori admitió que había “defraudado a [algunos] compatriotas” en un mensaje luego de recibir el indulto en el cual pidió perdón, ese gesto fue menos que una disculpa completa por sus crímenes que a muchos les gustaría oír.

Comenzando con una reorganización de su gabinete, el presidente espera relanzar su gobierno y buscar un consenso nacional. Ipsos encontró una leve alza en su índice de aprobación desde mediados de diciembre, de 19% a 25%. Pero su situación ahora parece peligrosa, por tres razones.

Habiendo perdido gran parte del apoyo inicial, se ha arrojado a las inciertas mercedes de los fujimoristas. Fuerza Popular es una extensión de la saga de la familia Fujimori. Aparentemente temerosa de ser eclipsada por su padre, Keiko no hizo nada para apresurar su liberación. Esa tarea le correspondió a Kenji, quien según Ipsos ahora es un poco más popular que su hermana. Es una incógnita si los Fujimoris se unirán o continuarán luchando entre ellos.

Alberto Fujimori agradeció a Kuczynski, pero incluso el más leve intento de su parte para volver a la vida política dañaría al gobierno. Keiko se enfrenta a dos investigaciones judiciales sobre las finanzas de Fuerza Popular que, a menos que se detengan, podrían llevarla a la cárcel.

Una se refiere a un mensaje de texto en el teléfono de Marcelo Odebrecht en el que el magnate de la construcción, ahora bajo arresto domiciliario, pareció ordenar una donación ilegal de US$ 500,000 para su campaña electoral en el 2011.

Luego está la relación de Kuczynski con Odebrecht. En una nueva revelación, se dice que Odebrecht dijo a los fiscales peruanos en noviembre que Kuczynski brindó conferencias al directorio de la compañía.

El presidente, que respondió las preguntas de un fiscal anticorrupción durante cuatro horas el 28 de diciembre, también podría verse obligado a presentar pruebas ante una comisión parlamentaria que investiga a Odebrecht. Y aún está pendiente el testimonio de uno de los directivos de la brasileña.

A los ojos de muchos antiguos partidarios, el presidente ha perdido el beneficio de la duda. “Antes, muchas personas pensaban que… él era una figura recta”, escribió El Comercio después de la votación del juicio político (al cual se opuso) pero antes del indulto. Ahora “pocas personas no creen que haya mentido muchas veces al país sobre su pasado con Odebrecht”. Agregó que debe “reflexionar sobre lo poco que ha logrado”.

Esa es su tercera debilidad. Kuczynski tiene 79 años y tiene mucha más experiencia en banca y negocios que en política. Su gobierno ha estado en gran parte sin dirección. Sus únicos logros tangibles son una pequeña pero bienvenida reducción en los trámites para servicios públicos y una política exterior activa. Ha fracasado en gran medida en la ejecución de grandes proyectos públicos, tal como lo prometió.

Su gobierno encargó un informe sobre la creación de un sistema universal de salud, pensiones y protección social solo para archivarlo. “Hice muchas críticas a Kuczynski, pero nunca pensé que no tendría idea de qué hacer cuando llegara a la presidencia”, dice Alfredo Barnechea, un rival derrotado en las elecciones del 2016.

Existen pocos desacuerdos entre Kuczynski y Keiko Fujimori sobre política macroeconómica. Pero el Perú necesita mucho más que una economía estable. Algunos de los que votaron por el presidente lo hicieron porque pensaban que creía en la necesidad de instituciones independientes y agencias públicas más profesionales. Estas son cosas que Alberto Fujimori destruyó.

El presidente tiene razón en que el Perú necesita dejar de lado sus desavenencias sobre Alberto Fujimori. Pero las posibilidades de Kuczynski de hacer algo útil hacia el final de su mandato en el 2021 ahora parecen insignificantemente pequeñas.

Fuente:

https://gestion.pe/peru/politica/the-economist-rehen-presidencial-peru-224213

 

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